El pasado lunes 14 de abril hemos celebrado la Bendición de Ramos en nuestro colegio, recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, cuando fue recibido con alegría, palmas y cantos de “¡Hosanna!” por un pueblo que lo reconocía como rey. Sin embargo, también sabemos que esa misma multitud, días después, cambiaría sus palmas por gritos de crucifixión.
Esta celebración es mucho más que un acto simbólico. Es una oportunidad para que, como comunidad educativa, reflexionemos sobre nuestra fe y cómo respondemos a la presencia de Jesús en nuestra vida diaria.
Que la Bendición de Ramos nos impulse a ser testigos de paz, como lo fue Jesús; a decir “sí” al servicio, a la compasión y a la verdad, aunque eso no siempre sea lo más fácil o popular.
Que no seamos como aquella multitud que cambia según la situación, sino que mantengamos nuestra fe firme, como esos ramos que, aunque se sequen con el tiempo, nos siguen recordando el llamado a vivir como verdaderos discípulos.






















