Una emotiva celebración litúrgica se vivió
el pasado 24 de abril en honor a nuestro patrono San Fidel. En esta
oportunidad, la Santa Eucaristía estuvo presidida por el obispo de nuestra
diócesis Monseñor Francisco Javier
Stegmeier, acompañado de nuestro Capellán, Padre Roberto Mera, y los capellanes de nuestros colegios Hermanos:
Humanidades del Sagrado Corazón de Villarrica y Cristo Rey de la comuna de
Teodoro Smith.
Nuestro pastor invitó a los niños y jóvenes
del segundo ciclo y de educación media a
descubrir en Cristo el camino, la verdad
y vida. Asimismo, instó a los presentes a seguir el ejemplo de servicio,
entrega y fidelidad de San Fidel de Sigmaringen, quien luego de haber cursado
estudios de derecho canónico y obtener un doctorado en la materia, priorizó
siempre la ayuda a los más necesitados entregando su vida en el servicio a los demás, defendiendo
su fe, la verdad y el bien.
A continuación compartimos una breve reseña
de la historia de nuestro patrono
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San Fidel fue un sacerdote capuchino alemán, primer
mártir de la Sagrada Congregación de Propagación de la Fe. Su nombre original
era Marcos Roy Nació en 1577 en una pequeña ciudad a orillas del
Danubio llamada Sigmaringa, en Alemania. Vivió parte de su vida en su país
natal y la otra en Suiza entre 1577 y 1622 (año de su martirio). Pertenecía a la nobleza y por ello estudió en la
prestigiosa Academia Archiducal de Friburgo de Brisgovia (Alemania). Alcanzó
calificaciones sobresalientes, aprendió el latín, francés e italiano, y muy
joven consiguió el doctorado en Derecho Civil y Canónico, con el objetivo de
defender a los necesitados Llevó una vida de penitencia y pronto se dedicó a
defender gratuitamente a los pobres que no tenían con qué costearse un
defensor, por lo que recibió el calificativo de “abogado de los pobres”. A los 35 años dejó la abogacía y una vida llena de
comodidades y se fue a vivir como el más humilde y pobre fraile capuchino,
fue así como repartió su riqueza a los pobres y a su diócesis para que se
cree un fondo que costee los estudios de seminaristas pobres. En la ciudad alemana de Friburgo consiguió la
conversión de muchos protestantes, a consecuencia de una predicación
“elocuente, de buen sentido, concienzuda” como especifican varios biógrafos.
Además, la gente se quedó admirada cuando llegó la peste del cólera, pues se
dedicaba de día y de noche a asistir gratuitamente a todos los enfermos que
podía. Las numerosas conversiones que el santo conseguía a
diario se debían, sin duda, tanto a las largas horas de la noche que dedicaba
a la oración, como a sus sermones e instrucciones cotidianos. El 24 de abril
del año 1622, cuando dirigía a la comuna suiza de Seewis, fue atacado por un
puñado de hombres armados quienes le exigieron que reniegue de su fe
católica, pero el santo se opuso rotundamente a la idea de negar a
Jesucristo, motivo por el cual fue derribado a tierra y atacado hasta
conseguir el martirio
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